Alto del Carmen: reflexión entre lo urbano y lo rural

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Por Javiera Torres Bórquez.Unidad de Cultura y Turismo Ilustre Municipalidad de Alto del Carmen.

La comuna de Alto del Carmen, ubicada a 45 kilómetros de la capital provincial de Vallenar, entrega la mezcla inigualable entre lo urbano y lo rural, enseñando a sus visitantes las bondades y maravillas de su tierra plasmada en su vides, los cuáles poseen como máxima expresión sus piscos, además del típico vino asoleado llamado Pajarete. Todo esto sumado a innegable belleza natural que la comuna ofrece con una interesante oferta cultural asociada a los antiguos vestigios arqueológicos y paleontológicos.

Dentro de la cabecera comunal, se encuentra la Iglesia de Alto del Carmen, increíble construcción que conserva las características y sencillez de los trazos y materiales que datan desde los albores de la República. Como también, en contraste a la antigüedad, se encuentra el edificio consistorial que nos ofrece un estilo moderno sobresaliente a los rústicos paisajes de sus alrededores.

Más allá de todo, se encuentran los maravillosos aires naturales que los valles presentan, que una vez que se llega a Alto del Carmen se aprecia una clara bifurcación que señala por un lado el “Valle de los Naturales”, y por el otro el “Valle de los Españoles”. Este viaje se comienza en el sector de La Junta, nombrado de aquella forma al ser el lugar en que se realizó el cabildo para la repartición de tierras entre españoles e indígenas.

En el Valle de los Naturales, nos encontramos con parajes como la quebrada de La Totora en la cual el visitante se deleitará con muestras arqueológicas al encontrarse con escritura antigua en rocas a los costados del camino, lugares como la piedra del gato por su particular forma, poblados pintorescos como Chanchoquin grande, Chanchoquin chico en dónde se encuentra la Mina de Mármol, El Tránsito con su iglesia y su plaza, además de conocer la arquitectura típica de la zona. Pero no solo esto, dentro de este valle es posible interactuar con pobladores de origen diaguita, con los cuales se puede conocer su cultura, gastronomía y tradiciones a través de su artesanía.

Otro lugar trascendental para visitar dentro de esta ruta es “La Quebrada de Pinte”, lugar con un gran atractivo por sus coloridos cerros y yacimientos fosilíferos. Además, en la localidad de Pinte, el turista se encuentra con su arquitectura que data del siglo XIX representada por la Iglesia de Pinte, cuando la comunidad comenzó a hacer uso productivo y control efectivo de las tierras con herencias prehispánicas. La agricultura y la ganadería conviven en armonía con la biodiversidad local, que permite conservar esta quebrada como un remanente de las condiciones ambientales y culturales de la comuna. Esta localidad posee un Museo de Sitio en el que se pueden observar fósiles de edad jurásica que fueron encontrados en los cerros del lugar, principalmente fósiles de mar. Los primeros habitantes han sido relacionados con la Cultura El Molle, teniendo como prueba un sitio arqueológico constituido por un cementerio de seis túmulos funerarios cercanos al actual Museo de Sitio. No solo esto, la historia nos acompaña durante todo el trayecto con anécdotas tan conocidas como el niño héroe, infante que sobrevivió solo en la cordillera, o el Gigante de Pinte, reconocido por haber nacido en la zona y llegar a una altura de dos metros veintiséis centímetros a la hora de su muerte. Así es como el Valle del Tránsito invita a vivir una experiencia única, con sitios de camping y un refugio que permite visitas guiadas en el sector.

Continuando el viaje por este valle, el turista se encontrará con Junta de Valeriano, lugar que presenta petroglifos en las rocas a los costados del camino. Y, si bien en este Valle la actividad de trashumancia, arreo y crianza son comunes, en esta localidad se torna primordial.

Pero no solo el Valle de los Naturales lleva el encanto de la comuna, por la Ruta de los españoles se disfruta de un hermoso valle coronado por preciosos paisajes naturales y culturales que invitan a conectarnos no solo con la naturaleza, sino también con los sentidos al recorrer cuyos principales atractivos con sus antiguas plantas pisqueras que aún continúan siendo familiares y artesanales. Iniciando el recorrido con Alto del Carmen, nos encontramos con el Fondo el Rosario a cinco kilómetros de la cabecera comunal, en dónde se encuentra la pisquera de renombre nacional Bou Barrueta. Además, por esta ruta también es posible encontrarse con pintura rupestre a la altura de Los Canales. En el sector de La Majada, lugar conocido por ser fuerte de los españoles quienes se protegían del ataque de Naturales en esa zona, se posee la oportunidad de impregnarse con la rica historia local. La experiencia continúa al llegar a San Félix, lugar en la que se encuentra la famosa pisquera Horcón Quemado y un viaje cargado de color hasta El Corral.

Ambos Valles, se encuentran conectados por el sendero de Chile que transite entre las localidades de San Félix y Pinte. Este recorrido de casi 40 kilómetros, ofrece un panorama impresionante de los cerros colorados de los valles. Este camino atraviesa la Quebrada del Ají, el sector El Podón y la mina de oro de Paculito. La huella de este conocido trayecto llega a su máxima altura en la Vega Redonda con 2.950 m.s.n.m, enseñándolos en el recorrido desde senderos arenosos y rocosos, hasta una huella de arrieros rodeada de vegetación y un curso de agua permanente hasta la Vega Redonda, continuando por el sector de Faldas Blancas. De esta forma, maravillando con todos estos paisajes deslumbrantes, llegamos al Valle del Carmen en dónde se podrá apreciar la fusión de paisajes que contrasta el desierto con el frágil ecosistema que se teje en torno a los cursos de agua.

De esta especial forma, es que la comuna de Alto del Carmen llama a sus visitantes para impregnarse de experiencias sensoriales e históricas únicas compartidas en ocasiones por sus propios arrieros o baquenos que llevan a los turistas a conocer los impresionantes paisajes en la alta cordillera, campesinos que comparten sus costumbres y abren las puertas de sus casas para dar alojamiento, crianceros que ofrecen sus productos y comparten sus intimas historias de vida y sacrificio, artesanos, productores de licores, vinos y conservas de fruta con el dulzor concentrado del sol y la tierra, macerados con la perfecta mezcla entre la vista y los habitantes de la zona.

Javiera Torres Bórquez
Unidad de Cultura y Turismo Alto del Carmen.