LA RISA… ¡hace muy bien!

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Nuevas corrientes psicológicas aseguran que incorporar el contacto personal y el humor en el día a día mejora la salud física, psíquica y emocional. Debes conocerlas para disfrutar de sus beneficios

Por: JORGE ABASOLOjorgeabasolo

Está científicamente comprobado que la risa nos rejuvenece, elimina el estrés, la ansiedad, la depresión e –incluso- mejora los niveles de colesterol, adelgaza, ayuda a combatir el insomnio, los problemas cardiovasculares y casi cualquier enfermedad. El humor nos aporta aceptación y alegría, abre nuestros sentidos y nos ayuda a transformar nuestros patrones mentales más arraigados. Mientras reímos, liberamos endorfinas, responsables en gran parte de la sensación de bienestar.

Retomando estas nociones, son muchos los especialistas que idearon nuevas terapias en las que el afecto, el contacto físico y la alegría son el eje de un tratamiento que integra cuerpo, mente y alma.

El humor en el consultorio

Uno de los casos más emblemáticos es el del doctor Mario Kaler, autor de “Esto es joda 1 y 2”, de Editorial Distal, quien explica cómo influye la risa en la salud: “No sólo lo digo yo, sino que hay estudios que hablan de lo positivo que tiene la risa y el humor en la salud de la gente, y eso uno lo comprueba todos los días cuando trata con los pacientes. Reírse hace muy bien: hay estudios que muestran cómo se mueven las endorfinas y señalan que la gente está mejor, hablan sobre la positividad en la inmunología sobre las defensas del organismo cuando uno lo toma todo con humor, con risas”.

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Luego de veinte años de trabajo como médico, Kaler incorporó el humor a su vida y su trabajo y reformuló el modo de tratar a sus pacientes. “Cuando a la gente le modificas los cánones, como de un médico convencional serio, de guardapolvo, camisa y corbata, y le rompes el hielo con alguna frase de humor, ya te reciben de otra manera, se sueltan, se abren y eso es muy positivo en el trato de todos los días. La risa ayuda a combatir incluso las infecciones y las cuestiones inmunológicas”, amplía Kaler.

Y no es el único que apuesta a emplear herramientas de la vida cotidiana para mejorar la salud íntegra. Desde el centro “Tratarnos bien”, desarrollan tres talleres muy innovadores: el yoga de la risa, la abrazoterapia y la terapia del elogio. “La idea de integrar un encuentro con estas técnicas surgió a través de unos ciclos de charlas y desarrollos de grupos de reflexión donde se trabajó haciendo hincapié en que las personas pueden recuperarse de las llamadas relaciones tóxicas y pueden, a partir de una transformación personal, volver a construir vínculos saludables”, explica la psicóloga Roxana Lekerman.

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Respira y abrázame

El yoga de la risa, según explican, tiene que ver con nuestra capacidad de jugar, de reír, de compartir con otros, de validarnos, de volver a ser niños: “Además de los efectos terapéuticos que la risa tiene, esta terapia mejora el funcionamiento fisiológico, el estado de ánimo, dando, a quien lo practica en forma de entrenamiento, un cambio de perspectiva en la vida, añade Lekerman.

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Dr.Mario Kaler. Editorial Distal

Se podría afirmar que esta técnica es nueva, sobre todo teniendo en cuenta que las investigaciones de los efectos beneficiosos de la risa en la salud empezaron en la década del sesenta. Madan Kataria, un médico de medicina tradicional de la ciudad de Mumbai, desarrolló esta técnica hace 16 años y hoy se practica en más de 60 países, con 6 mil clubes de la risa por todo el mundo. “Es una terapia sencilla, con juegos de risa  y técnicas de respiración tomadas del yoga pranayama, que nos permite renovar y oxigenar nuestro cuerpo. Lo que tiene de única esta técnica es que se hace en grupo, lo cual potencia su efecto y requiere, además, de una frecuencia o entrenamiento para que estos beneficios sean más y mejores con el transcurso del tiempo”.

La abrazoterapia es otra de las vertientes de Tratarnos Bien. “Desde la comunicación, muchas veces lo que se dice con abrazos no se puede expresar con palabras. El abrazo contiene emocionalmente, y esa contención otorga presencia, pues quiere decir metafóricamente ‘aquí estoy, estoy contigo…no te abandono”.

Según quienes dictan esta terapia hay 182 formas de abrazos catalogadas, y todas con un significado de acuerdo a sus culturas. En los talleres se presentan en forma de juegos, con un cuento de por medio, o simplemente con las consignas de abrazarse.  “Con respecto al contacto físico, hay investigaciones científicas que dan cuenta de las consecuencias que hay por la ausencia de contacto físico. El abrazo alarga la vida, mitiga el sufrimiento y la soledad. En consecuencia, pedir un abrazo también es todo un aprendizaje en un mundo donde la gente no se toca”, asegura Lekerman.

También se puede abrazar con palabras, y en este terreno entra la terapia del elogio. Se trata de un estímulo, una valoración y un reconocimiento del otro. Es una técnica que surgió a partir de una investigación sistémica que detectó que, en una familia donde no hay elogios pero sí criticas, hay falta de cariño e intolerancia, y se genera un foco propicio para que madure el resentimiento. “Elogiar es valorar y reconocer al otro, por lo que se entablan mejores conversaciones y hay más comunicación. Hemos diseñado un programa de doce valores a desarrollar en el término de un año, un valor cada mes, para aquellas personas que desean transitar un proceso para sanar sus relaciones tóxicas y lograr mejorar o entablar nuevas relaciones saludables”, proponen desde Tratarnos Bien.

La propuesta –en todos los casos- consiste en trabajar desde el humor, los buenos tratos y los valores humanos, para mejorar nuestra salud, nuestros vínculos y, poco a poco, nuestra sociedad.

jorgeabasolo_4Con este fin, el doctor Kaler reflexiona: “A los sudamericanos nos hace falta desarrollar mucho más el sentido del humor porque seguimos anclados a una cultura atávica de la solemnidad”.

COMBATIENDO EL DOLOR

Aunque ya se había intuido en estudios anteriores, una investigación de la Universidad de Oxford, publicada en la revista “Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences”, lo confirma. La risa puede ser un calmante natural de lo más efectivo. Los resultados ponen de manifiesto que quienes se ríen más son más capaces de soportar el dolor, en concreto, un 10% más. La condición: hay que reírse a carcajadas para que el cuerpo segregue endorfinas que, además de crear euforia, alivien el dolor.

Ayuda a calmar el dolor

Para llevar a cabo este estudio, los investigadores dividieron a los voluntarios en dos grupos. El primero visualizó vídeos de humor durante 15 minutos, mientras que el segundo grupo vio programas neutrales. Tras esta primera fase, se les sometió a pruebas para valorar su umbral de tolerancia al dolor. El resultado fue que quienes se habían reído fueron capaces de resistir el dolor más que los voluntarios que habían visto proyecciones menos divertidas. Además, se detectaron diferencias de resultados entre la risa y las carcajadas.

Mientras que la risa simple y llana no tiene ningún efecto analgésico, las carcajadas, sí. Estas últimas liberan endorfinas que, según demuestra este experimento, además de generar un estado de euforia, calman el dolor. Un posible motivo, explican los científicos, sería el vaciamiento de aire de los pulmones que se da al realizar una carcajada. La risa tiene efectos positivos sobre el sistema inmunológico: aumenta la producción de anticuerpos y activa las células protectoras

Con este estudio, y más allá de buscar nuevos tratamientos, los investigadores quieren explorar el papel de la risa en la fundación de las sociedades humanas hace dos millones de años, un aspecto que se estudia desde hace mucho tiempo. El siguiente paso será corroborar si reír, por sí mismo, hace más fácil que los grupos se unan, trabajen mejor en equipo y sean más generosos. Si fuera el caso, estos resultados podrían explicar por qué los primeros seres humanos fueron capaces de formar grandes comunidades tribales de hasta cien miembros, mientras que los simios solo crearon agrupaciones con un máximo de 50 individuos. Los científicos creen que la risa ayudó a agrupar a los seres humanos, tal y como han hecho actividades como el baile y el canto. Curiosamente, estas actividades también producen endorfinas.


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