Principios de Defensa

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Principios de defensa
Nos defendemos de la petulancia e ignorancia política, de personeros que detentan un poder que los transforma en bestias del perjurio civil. Bestias incapaces de sostenerse entre la tensión moral de servir y satisfacer sus propios apetitos económicos, destruyendo insoslayablemente las confianzas depositadas en ellos. Bestias que carecen de un sentido de la honradez más elemental. Bestias políticas desencadenantes de desigualdades sociales que recaen en una ciudadanía pasiva, tal como la quisieron.
Nos defendemos de la molestia de aguantarlos, de la perseverancia de sus errores, del menoscabo moral que transmiten, de la aguda incapacidad de reconocimiento del otro, de la astuta manera de engañar, del mentir, del robar, de la falta de humildad para reconocer la secreta actitud de denostación social que expresan en sus comportamientos más ingenuos y directos.

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Nos defendemos de las maniobras políticas subterráneas para gobernar, agudizadas por el egoísmo más instrumental, del discurso premeditado, tendencioso y carente de espíritu. Nos defendemos del humano corazón político corrompido. De las desconfianzas promotoras de la traición, de la publicidad de sus acciones blanqueadas por un conjunto de medios que cayendo en el juego del poder y la hipocresía, le han dado la espalda a la verdad.
Nos defendemos de ellos, de la descortesía del diálogo, de sus argucias argumentativas, de sus falacias persuasivas incoherentes y faltas de lógica.
Nos defendemos de la monarquía económica y de la seudodemocracia. Nos defendemos de todo lo que atente contra la libertad de pensamiento y acción. Nos defendemos, en último término, de nosotros mismos, deseando no ser como ellos, una casta bestial que ha trivializado la esencia de las necesidades comunes dentro de una sociedad que está cansada de sus abusos, de sus abusos, de sus abusos, de su cortina de humo gubernamental.