Tengo un sueño en el corazón. Se llama respeto y dignidad

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“Con sabiduría se construye la casa;

  y con inteligencia se llena de toda clase 

bienes preciosos y agradables”

Proverbios, Capitulo 24, versículo  2-4

Este 25 de marzo se cumple un año desde que las lágrimas de la Madre Tierra se acumularon en las alturas y desbordaron por las quebradas, buscando salida por el lecho del Rio Salado.

Ese mismo Rio que en un mapa del año 1775 decía que más de las veces no besaba el mar. Sin embargo, esta vez se abrió paso buscando abrazar el océano, después de tantos años que no se encontraban. Lamentablemente estábamos en el camino de ese reencuentro.

Ese mismo Río que era alojamiento de un mítico pueblo en ambos costados de su lecho y que la leyenda dice que la parte norte se hundió producto de un gran terremoto.

Ese mismo Río que hace un año hundió la otra parte del mágico Pueblo hundido/Diego de Almagro.

Este 25 de marzo se cumple un año desde que un evento de la naturaleza (aluvión) se transformó en un desastre social y humano, dejando una profunda herida en la tierra, la mente y el corazón de los diegoalmagrinos, con nefastos días de destrucción material y cobrando la vida de seres humanos humildes, queridos y abnegados.

Hace un año las lágrimas de la Madre Tierra dejaron a la vista la precariedad de la vida de nuestros hermanos y removieron las lágrimas del corazón de los vecinos acumuladas por años de trabajo y esfuerzo construyendo una vida en este terruño.

Hace un año se inundaron las casas y navegaron rio abajo los recuerdos.

Por eso, para este 25 de marzo tengo un sueño:

Que no se saque más cuentas alegres con los damnificados.

Que se  respeten los sentimientos de las personas. Que no se mienta y manipule nunca más.

Que el dolor y sufrimiento de nuestros hermanos no sean más banderas de los intereses militantes y que las carencias y necesidades de los humildes no se utilicen como estrategia política.

Que las banderas del dolor y sufrimiento de mis hermanos se tiñan en adelante de la verdad, sinceridad, dignidad, confianza, bondad y de la paz de la mente y del corazón.

Que con la inteligencia de la mente y la sabiduría del corazón nos levantaremos de la mano de los sueños, como lo hicieron tantas veces nuestros padres y madres, nuestros abuelos y abuelas.

Que ahora es el tiempo para que las futuras generaciones estén orgullosas de nuestras decisiones. Depende de nosotros como queremos que nos recuerden nuestros niños. Por lo tanto, escribamos nuestro epitafio en el presente, con valor, voluntad, perseverancia, inteligencia y sabiduría.

Humilde y Sinceramente

Marcos Parada Escobar

Sociólogo-Terapeuta-Sensei

En Diego de Almagro, marzo de 2016